Históricamente, Chihuahua se ha caracterizado por dar luz a personajes icónicos dentro de la historia de este país; pasando por los revolucionarios, las adelitas, escritores, deportistas, muralistas, cadetes y artistas en lo general.

Hoy encontramos en Bajo Cero a un músico chihuahuense de esta historia moderna; un artista que en casa encontró sus primeras influencias musicales y que lo marcarían hasta hoy en día. De grabar demos en la radio local de la ciudad norteña, a grabar en los estudios Avatar de NY para la banda de rock progresivo The Mars Volta.

Dejemos que Adrián Terrazas-González nos platique su historia:

-Existen personas que son extranjeras emotivas en su propio lugar de nacimiento; algunos nacen en ciertas tierras por necesidad, mensaje, propósito, intención oculta sin explicación o razonamiento. Platícanos sobre tu epicentro genealógico: ¿De dónde son tus abuelos, tus padres, de dónde eres tú?

“Yo soy nacido en Chihuahua, Chihuahua; nacido en el hospital Clínica del Parque frente al parque Lerdo. Mis abuelos maternos son los Terrazas, igual son de Chihuahua, Chih. Muchos agrícolas, algunos apícolas. Mi abuelo, que en paz descanse, fue agrícola un rato y sus últimos 30 años de su vida trabajó en aserraderos. Mi abuela es de Meoqui, Chih. y mi bisabuelo, padre de mi abuela Bertha González es Tomás Terrazas. Mi padre y mis abuelos paternos son de Zacatecas”.

-La multiculturalidad musical que nos influye y que nos acompaña durante nuestra ruta de vida se da precisamente en casa; escuchando todos los sonidos, géneros musicales, incluso las onomatopeyas de la familia: ¿En qué colonia de Chihuahua creciste?

Esto es bueno, porque me estás forzando a poner bien el parámetro del timeline; vivimos las tres hermanas de mi mamá con mi abuela ‹‹igual, madre soltera›› mi abuela con 4 hijas y yo. Hasta los cinco años vivimos con mi ella en Col. Nombre de Dios; eventualmente nos salimos de ahí porque quemaron la casa; entraron a robar, no encontraron nada y la quemaron.

Pero recuerdo que cuando llegaba de la escuela a casa, mi abuela siempre tenía Radio Universidad, escuchaba música clásica, danzones”.      

-Hablamos de esos mensajes ocultos sin explicaciones y sin razonamientos aparentes: ¿Tuviste una influencia directa dentro del yugo familiar? es decir ¿Algún miembro de tu familia estaba dedicada a la música o al arte?

“No, mi hermana es bailarina profesional, pero es ingeniera. Sé que una tía abuela que estudió piano, pero nunca ejerció”.    

-Dentro del misticismo de la vida encontramos ciertas voces que bucean en nuestro interior desde niños; encontramos a cierta edad una cartografía emocional que nos identifica y que nos hace revelarnos con algún objetivo: ¿Tuviste claro desde siempre que en el instrumento de aliento te identificaría y te conectaría entre tú, el interior y el mundo exterior?

“Es una buena pregunta porque ni yo sé realmente; sé que adoro tocar instrumentos de aliento sobre todo las maderas como son la flauta, clarinete y saxofón. Siempre me ha llamado mucho la atención escuchar a flautistas interpretando con destreza la música barroca, también a Charlie Parker”.

-El registro en material de esta búsqueda y, a sabiendas que la expresión es una exteriorización de nuestro interior, cuéntanos, ¿En dónde y cómo realizaste tus primeros demos o grabaciones aquí en Chihuahua?

“A los 15 años toqué clarinete en bandas sinaloenses, toqué saxofón en bandas norteñas; toqué en la banda chihuahuense La División. En la preparatoria empecé a involucrarme con gente que tenía sus famosas garage y uno de esos fue Víctor Romero, ˈel Gasparˈ, y toda esa gente que tocaban en una banda que se llamaba La Clica. Yo fui parte de esa banda.

Conocí a una de las personas de Radio Universidad, tenían sus horas en vivo, tocabas para el público que llegara. Estas sesiones se grababan en CD y lo daban como demo”.

-Para que haya una evolución como artista debe existir una insurrección, tanto emocional, de migración y de conocimiento. La repetición es la enemiga de todo artista. Decidiste ser bandolero de tu propia historia e irte a asaltar la vida armando tu propio rompecabezas: ¿Cuándo sentiste ese momento de confesarte y de migrar de Chihuahua y emigrar de México?

“Fue casi a los 19 años, estuvimos buscando diferentes escuelas; fuimos a la FAM, a la Superior en Ciudad de México. La gente de la UACH siempre nos decía que la Universidad de El Paso, Tx. tiene muy buen programa de música. Adicioné e hice mi examen académico, salí bien”.           

-Precisamente en los procesos de aprendizaje es en donde nos vamos vertiendo en formas nuevas de comunicación y lenguaje; vamos integrando a nuestra propuesta simbologías, elementos, acuarelas sonoras, rítmicas, armonías del alma, y de arte en general. ¿Tuviste la disposición espiritual para aceptar la llegada a su tiempo de todas las alegorías a pesar del obstáculo, la barrera, y en ocasiones de una fractura interna de decisiones?

“No sé si yo sea una persona religiosa. Todo humano creemos en un ser superior o en una entidad mayor a nosotros. En ese tiempo que estaba por terminar la preparatoria; en una ocasión que estamos en un juego de Basquetbol, el contrincante se enojó; me fracturé la muñeca izquierda, me rompí ambos huesos. Tuve una rehabilitación de un año, durante ese tiempo y, después de tener 5 horas estándar de práctica, a no tocar nada. Allí fue donde me di cuenta que no podía estar sin tocar; me deprimí horrible”      

-Háblanos emocionalmente sobre ese preciso momento en el que viajas a NY a grabar por primera vez con y para la banda progresiva The Mars Volta. ¿Qué platicaste con el tiempo y su cronología? ¿Qué le dijiste al oído? ¿Cuál de todas tus postales de vida se vinieron a la mente?

“En esa época tres cosas importantes estaban pasando en mi vida: 1. Tenía viviendo cuatro años con la persona que fue el amor de mi vida, 2. Estaba ganándole al cáncer, 3. En ese momento me habló la banda sinfónica de Texas en la cual yo era saxofonista y flautista. Empecé a viajar y a tocar y grabar jazz en diferentes lugares. Literalmente me percaté que podía sobrepasar muchas cosas, eso es lo que pasa por lo general a los sobrevivientes de cáncer.

Llevaba dos o tres años como director musical de la orquesta de salsa del papá de Omar Rodríguez López, así es como los conocí (The Mars Volta).

Omar y Cedric fueron a escucharnos mientras estábamos tocando en un festival de jazz. Seguido me habló la manager después de que salía de radioterapia para preguntarme si podía ir a grabar a los estudios Avatar de NY. Grabé toda la noche Frances the mute. Omar me encaminó al hotel y me preguntó si me gustaría tocar para la banda”.         

-Apostaste tus cartas en The Mars Volta, promoviendo tu pasado y tu presente; combinando tu experiencia, desafío, insurrección pasional, y tu desarrollo como músico. ¿Qué te demostraste al grabar los álbumes con esta banda?

“La música de The Mars Volta no es difícil, sobre todo cuando estoy tocando con la Orquesta Filarmónica; eso es difícil. La música de The Mars Volta no lo es; está en un tono, lo que es difícil es la dinámica del rock and roll; es muy difícil para una persona académica entrar a eso. Tu destreza de como te desenvuelves en el escenario.

En una conversación que tuve antes de abrirle a Red Hot Chili Peppers en una de las primeras ocasiones, hablábamos de que todo es importante menos la música; literalmente no teníamos dónde practicar. No sé cuántas veces estuve practicando en baños donde entró gente mientras estaba practicando escalas o patrones, eso es difícil”.

-Decía la escritora y anarquista rusa Emma Goldman «Si no puedo bailar a ese ritmo, tu revolución no me interesa». ¿Cómo sería el ritmo de tu revolución?

“Como la rumba en siete cuartos, es algo como un songo; es extremadamente divertido de tocarlo, es complejo, pero ya que lo entiendes y lo absorbes; nuevamente es extremadamente divertido y extremadamente poderoso”.

En la siguiente entrega conoceremos otra interesante propuesta musical de este prolijo músico mexicano. Continuará…      

¿A cuántos grados estás tú?

¡Sin freno ni licencia!

Israel Gayosso

Chihuahua, México.

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