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¿Quieres ir más profundo?

¿Quieres ir más profundo? Cada vez que escucho a mi maestro decir eso, un escalofrío recorre todo mi cuerpo; a veces dejando notas de alegría, pero sobre todo de miedo. Cada vez que dice eso es porque un dragón va a venir a visitarme y no será cosa fácil aceptarlo y abrazarlo.

Hacerte consciente de que verdaderamente eres creadora o creador de toda tu realidad no es únicamente ver luces de colores o viajes astrales con unicornios. Todo lo contrario, es ir a encarar tus más grandes miedos, esos miedos de los que vienes huyendo desde que estás en la tierra.

Nuestra mente es una casa antigua, muy grande, muy vieja; tiene tres pisos y muchas habitaciones.

En el sótano se encuentran todos los tesoros, pero está custodiado por varios fantasmas. Y el valor exterior no nos puede ayudar a traspasarlos. En el primer piso, repeticiones mecánicas, todo lo que nos mantiene respirando, caminando; jugando como si supiéramos cómo funciona el juego. Hasta arriba encontramos lo que está mayormente iluminado por la luz de sol, pero es una habitación pequeña, la más chica de toda esa gran mansión.

Entre los dos pisos superiores podemos encontrar una pared de vidrio, el grosor depende de nuestras elecciones, de esas que hemos ido tomando a través del miedo a lo largo de la vida. Ahí se encuentran los juicios; lo correcto e incorrecto; lo bueno y lo malo. En ese lugar aparece una escalera que se parte en dos, que se polariza.

Esa gran casa también tiene puentes, pasillos y un jardín, un gran jardín paradisiaco. Y también tiene espejos, grandes espejos por todos lados.

Podemos quedarnos frenéticamente atorados en las escaleras del primer y segundo pisos, y no darnos cuenta que estamos ahí. Repetimos como un loop incansable las mismas acciones. Dicen por ahí: “no te das cuenta, hasta que te das cuenta”, parece muy ridículo, pero así es, repetimos y repetimos hasta que nos volvemos reptilianos.

La cosa es que, cuando te das cuenta de que has repetido el mismo camino con diferentes personajes, entonces llega esa sensación de ir caminando por un bosque y darse cuenta de que has recorrido en círculos el mismo camino. Sabes que no te está llevando a ninguna salida, ¿Salida de qué? No sabemos.

Así es la vida. Repetimos una y otra vez la misma acción, se vuelve un mensaje del inconsciente que, como se repite tanto, se deja de ver. No es hasta que tiramos toda la estructura de esa casa vieja que podemos darnos la oportunidad de llegar hasta el sótano, con todo y fantasmas, para recoger lo que nos pertenece y que nadie más puede tomar. Y ahí, en el sótano, podemos darnos cuenta de por qué repetimos lo que repetimos.

Estamos transitando una luna llena eclipsada. Dicen los que contemplan las estrellas y las estudian, que en estos momentos todo se acelera. Estamos en lo que llaman un salto cuántico; podemos ver esas repeticiones, ese frenesí, todo lo acumulado que nos ha llevado al mismo lugar.

Es momento de tirar viejas estructuras, se siente planetariamente que llegó un punto en el que toda la humanidad necesita actualizar sus sistemas operativos. Muchos se quieren quedar por costumbre, comodidad y adaptación en el mismo lugar. Pero el mismo lugar ya caducó.

Tenemos miedo, y es natural. Muchas de las creencias que nos transmitieron hace años ya no nos funcionan más; aún así duele verlas, aceptarlas y transformarlas. El miedo es el guardián del tesoro. Pero para poder mirarlo, primero necesitamos aceptar que ahí está, y nos hemos dedicado a negarlo. Nos da miedo decir que tenemos miedo.

Son tiempos de claridad, aunque con tanta deconstrucción, solo podamos ver el polvo de los cimientos viejos que caen. Necesitamos paciencia para que todo eso pueda volverse a levantar con más ligereza. Ha sido un viaje largo llegar hasta acá, estamos cansadas y cansados. Tanta lucha, tanta victimización, tanta rabia. Estamos rendidas, estamos por fin vislumbrando que lo que necesita nuestro corazón es la paz.

Se desploma lentamente esa pared de vidrio; se caen los juicios, las comparaciones, la polaridad. Nos vamos haciendo uno con el todo, y nos sabemos responsables de esta nueva creación.

Cada vez que mi maestro me pregunta “¿Quieres ir mas profundo?” También me dice a la cara, con sus ojos de Merlín sabio: “CONFÍA EN TU PROCESO”. Y aquí estoy yo, repitiéndote esa mágica frase que me ha llevado a soltar el control: CONFÍA.

Déjate ser en la incertidumbre, déjate ser en la transición y recuerda que todo esto ha sido tu elección; tú decidiste hacer este viaje y ser parte de esta evolución. Duele derrumbar la casa vieja, duele darse cuenta de que una misma la construyó, y tirar lo que nos ha costado levantar puede ser doloroso. Pero ese es justamente el tema, vivir no tiene por qué costar; al menos que esas sigan siendo tus creencias, y si es así, entonces así es perfecto; pero también puedes imaginar una vida en donde nada cueste tu esfuerzo, en donde ya no valga la pena sino la alegría, en donde todo fluya: donde podamos ser y dejar ser.

Estamos recordando que la mente se conecta con el espíritu, esa es la verdadera sabiduría de la vida. Todo está regresando a la naturaleza del ser. Duele la piel porque la estamos mudando; pongamos atención al proceso y vayamos con nuestro valor interior y voluntad a acariciar a esos dragones que necesitan de nuestra paz.

Con amor,

Lucrecia Astronauta -Mujer Semilla-

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