Top 21 de Radiohead

 

Para conmemorar la devoción ciega que alguna vez profesé por estos compitas de Oxfordshire (hasta hace poco todavía era de esos boomers que decían que el OK Computer era el segundo o tercer mejor álbum de la historia del rock, duh), desempolvo este Top 21 de Radiohead, escrito hace más años de los que me gustaría admitir.

Esto no se trata más que de un mero arranque nostálgico con una lista atemporal y subjetiva de las mejores canciones de la banda. Sin embargo, la memoria es caprichosa y el orden de estas canciones (y algunas de ellas) ha tenido necesariamente que cambiar. Como este es un ejercicio serio (pffffff 😂) y necesariamente falseable, es mi deber científico explicitar los instrumentos y la metodología.

Los instrumentos son los álbumes, obviamente, pero existe una desviación estándar importante. Me explico: distingo cuatro estilos y tres periodos bien diferenciados y clasificables en Radiohead que detallo en la siguiente tabla (ver Fig. 1) y que no obedecen a una temporalidad; por tanto, el orden cronológico no sirve para este ejercicio.

Top 21 de Radiohead

Los dos últimos discos repiten las formula de uno de esos estilos, por lo que, de entrada, fueron excluidos de la muestra, así que adiós King of Limbs y A Moon Shaped Pool. Si esto te molesta, existe una interesante réplica en un artículo científico llamado Get the fuck out of here to do your propia lista que puedes consultar en la prestigiosa revista Nature.

Esto es un Top 21 de Radiohead, así que también me he visto obligado a dejar canciones fuera, canciones que me gustan. En compensación, esas canciones van referenciadas en otras. Ahora explico la metodología: como en toda obra artística sujeta a la influencia de un contexto (Radiohead no salió de un agujero en el piso, supéralo), algunas piezas dialogan entre sí. Entonces cada posición del ranking agrupa ciertos temas por sus conexiones, tradiciones, referentes e influencias para después elegir al mejor representante entre ellos (tomando en cuenta su antigüedad, su influencia y, lo más importante, mi sesgada, subjetiva y regalada gana).

Al igual que el Puerco Araña, Radiohead tiene tantos estilos que no fue fácil elegir. Tampoco garantizo dejarte satisfechx. Pero, hey, toda ciencia es dolorosa, mi amigui.

En fin. Va el Top 21 de Radiohead.

21) “Jigsaw Falling into Place” (2007)

Esta canción tiene “un no sé qué”. Entender su magia, que a primera oída no tiene ninguno de los grandes atributos de las canciones más célebres de la banda, siempre será un misterio, quizá porque disfrutarla no exige esfuerzos adicionales a pesar de mantener cierta venita experimental. En esta canción parece latir el espíritu de aquel disco de Kashmir, Zitilites, que a su vez estuvo influenciado por el propio Radiohead. Ah, se me olvidaba: donde dice “Jigsaw Falling into Place” debe decir “15 Step”.

 

20) “The Bends” (1995)

Radiohead ganó el álbum del año en los Brit Awards de 1995 con el álbum The Bends, considerado por algunos fans, en secreto, superior al OK Computer. La melodía homónima, tras el preludio que es “Planet Telex”, nos muestra a un Radiohead que no volveríamos a escuchar: una melodía poderosa pero contenida y una banda más cercana a su público, ya que siempre son los fans quienes hacen el esfuerzo de acercarse a la propuesta (y no está mal, es algo que la agrupación ha ganado a pulso).

Sin embargo, la mitad del disco The Bends, parece más bien una colección de lados B, una serie de canciones psicodélicas que no suelen aparecer en las playlists o las compilaciones que se han perdido entre mejores cosas surgidas en los años noventa. Pero no se confundan, la mayoría de lados B de Radiohead bien podrían ser sencillos, si no, escuchen melodías como “Lift” o “Maquiladora”.

 

19) “There There” (2003)

El único track incluido del Hail to the Thief, quizá el álbum de perfil más bajo de la banda (King cof Limbs). Quizá hemos sido un poco injustos con este disco; no fue precisamente amado en su tiempo (ni ahora 👀), pero logró el intermedio exacto entre lo mejor y lo peor de la banda, sólo que con dos discos de retraso… o sea, es un álbum algo mediocre: por un lado posee piezas excelentes, como “Where I End and You Begin”, “A Punch Up at a Wedding” o “Myxomatosis”; sin embargo, presenta un concepto ya desgastado, demasiado gris en su vanguardia (quizá justamente por esa insistencia excesiva de las innovaciones del tándem anterior). Si esta canción y “Go to Sleep” (la otra grande del Hail…) tuvieron éxito, fue precisamente porque se alejaron del aura distante e intelectualizada que predominaba en el resto del álbum.

 

18 ) “Idioteque” (pero pudo ser “Everything In It’s Right Place”) (2000)

Las exploraciones con música electrónica que inician en 1997 y alcanzan su grado más experimental en las canciones incluidas en Amnesiac tienen un punto de encuentro en “Idioteque”. Drum & bass de excelente cepa que además posee una de las mejores letras de la banda, quizá por su aleatoriedad (“Toma el dinero y huye”). Una canción en la que se notan, más que en ninguna otra, las inclinaciones musicales de Thom Yorke y las más de 50 horas de ruiditos computarizados de película del Santo que tuvieron que decantar para extraer este tema.

Ahora, bien, si Kid A hubiera empezado con “Optimistic”, “How to Dissapear Completely” o “In Limbo”, no hubiera sido notoria la voluntad de crear algo completamente distinto a la obra que los encumbró, durante ese periodo de tres años de desesperación creativa. El resultado es un disco en muchos aspectos superior a su predecesor, que rescata tradiciones musicales del siglo XX que en su momento fueron subterráneas. Apenas empezar las primeras notas de “Everything In It’s Right Place” sabemos que estamos ante la primera pieza del siglo XXI. Algo que parece jamás haber sido escuchado y que sin embargo nos causa familiaridad.

A diferencia de otras melodías, las múltiples interpretaciones en directo de esta canción tienen un sonido que supera ampliamente a la versión de estudio, desde aquella en que se filtra y repite la voz de Thom, hasta las versiones acústicas en las que se dan el lujo de imitar el sonido disco a partir del propio beat de la canción.

17) “Subterranean Homesick Alien” (1997)

Los muros de sonido casi a lo Phil Spector en esta melodía son la encarnación de la palabra atmósfera llevada al extremo. Pero ésta no es sólo una experimentación sin más. Esos ruidos que parecen provenir de una nave espacial están ahí para ambientar una historia oscurísima de un sujeto paranoico que rinde un culto personal a una religión extraterrestre. Su ritmo pausado sin embargo no fue un descubrimiento necesariamente novedoso. Ya desde 1993, otra canción, “Punchdrunk Lovesick Singalong”, presagiaba las atmósferas que “Subterranean…” perfeccionaría al añadir esos guitarrazos casi masturbatorios acompañados por los remates de la batería.

 

16) “Lucky” (1997)

La canción más sensual de Radiohead, una melodía lenta e hipnótica que presenta una declaración de principios entre dos amantes, con el justo toque de tragedia y, como en películas y obras literarias, un final abierto, con los protagonistas a la orilla de un barranco que bien podría ser el mundo o su propia historia. Una canción de amor, en el mejor de los sentidos.

15) “I Might Be Wrong” (¿2001?)

Fue la primera de una serie de excelentes canciones que exploraban una sección melódica breve y repetitiva que haría escuela, sobre todo, en las bandas de la década del dos mil. Canción con excelentes resultados, deudora también del emblemático ritmo motorik del krautrock setentero, como “Dollars and Cents” o “Knives Out”. Y digo “la primera” porque la versión en concierto comenzó a circular antes, incluso, de que estuviera listo el Kid A, en Napster y en los bootlegs que rolaban en las redes peer to peer desde 1999.

Hay antecedentes de este descubrimiento en canciones anteriores, pero ésta es la mejor lograda junto con “Morning Bell” (versión Kid A). Estas canciones representan toda una serie de tradiciones musicales sintetizadas: krautrock, rock progresivo, música electrónica, ambient. Y son perfectas para sumergirse en un trance en los laberintos del propio pensamiento. Sus letras crípticas no hacen más que aumentar las ganas de desentrañar los misterios que las envuelven. Misterios (como en “I Am The Walrus”) que quizá no existan.

14) “Blow Out” (1992)

La canción que cierra Pablo Honey es también la más desoladora. Soy un defensor de los primeros álbumes, por eso creo que la crítica y los fans han sido injustos con este disco tachándolo de gris y adolescente, cuando su vena shoegaze es de lo mejor del género con canciones como: “How Do You?”, “Stop Whispering” o “Anyone Can Play Guitar”.

La explosión inicia con una melodía que recuerda el tratamiento elegante que Mark Knopfler hacía de la guitarra en Dire Straits, prácticamente sin distorsión, casi emulando un sonido acústico. Mientras la canción alcanza su masa crítica, Thom Yorke cavila: “And everything I touch turns to stone”. A partir de ese momento la música misma empieza un feedback creciente hasta convertirse, también, en una supernova de polvo y gases arrastrados violentamente por vientos cósmicos. Se trata de una excelente manera de acabar un disco, quizá la mejor junto con “The Tourist”.

13) “Banana Co.” (1994)

El único b-side en esta lista, incluido por primera vez en el EP Itch en versión acústica (una grabación hecha para su distribución en Japón en el tiempo del Pablo Honey) y, posteriormente en el single Street Spirit de 1995 ya con guitarras distorsionadas. Es una melodía apacible en la cual se alcanza a escuchar el embrión de casi todas las baladas compuestas por la banda posteriormente. Su temática además es un homenaje a la compañía bananera más famosa de todas, la de Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, que a su vez criticaba las políticas imperialistas de las potencias occidentales en los siglos XIX y XX.

“Reckoner” o “No Surprises” deben mucho a “Banana Co.”. “No Surprises” también está en deuda con el primer disco de Emmanuel, Íntimamente, aunque quizá Radiohead no lo sepa. “Banana Co.” podrá ser el único b-side de esta lista, pero también representa a todos los demás: “The Trickster”, “Polyethylene”, “Permanent Day Light”, “Pearly”, canciones que incluso brillan más que muchas de las incluidas en álbumes oficiales. Al igual que con Pixies, Joy División y The Beatles, la historia de Radiohead no puede entenderse sin sus b-sides de los años noventa.

12) “Creep” (1992)

La canción que los colocó en el mapa mundial, una oda total a la baja autoestima. “Street Spirit” tuvo un éxito similar en Inglaterra; hay quienes afirman incluso que es una “Creep” mejorada, que es más triste, que es mejor. Pero yo me quedo con la original, la que dio pie a “Let Down”, “How to Disappear Completely”, “Black Star”, y otras canciones mejoradas a partir de esta piedra fundamental de los noventa. Beavis & Butthead lo dijeron perfectamente: “Si no tuviera la parte que apesta, la parte cool no sería tan cool”. Eso no sólo se aplica a la canción, sino a la banda misma.

11) “Videotape” (2007)

La pieza que cierra In Rainbows, criticada por muchos porque la versión de estudio no hace honor a la que tocaban en concierto, es quizá la más sensible que han hecho. Al mismo tiempo, los golpes de la baqueta imitando el carrete roto de una cinta de video, en perfecto destiempo con el sonsonete del piano, va generando una sensación nostálgica que se impone sobre cualquier emoción, un compás sincopado de 5/4 que invariablemente recuerda al de “Pyramid Song” y sus compases de ritmo 3/3/4/3/3, que recuerdan a los lados que cada cara de una figura plana debería tener para formar una pirámide.

10) “Bodysnatchers” (2007)

Tuvieron que pasar quince años para que Radiohead hiciera una canción que sonara como si la hubieran compuesto para el Pablo Honey. La diferencia, me parece, es toda la experiencia acumulada en ese tiempo: “Bodysnatchers”, tributo a la película homónima, muestra una estructura aparentemente sencilla en la que las guitarras cortan el silencio con precisión quirúrgica y un ritmo casi bailable que hace pensar que Radiohead no desdeñaba los logros de su primera época tanto como nos hicieron creer.

9) “Just” (1995)

Mientras Blur intentó por todos los medios colocar un éxito en el mercado norteamericano, Radiohead, con “Just”, no sólo lo consiguió, sino que además le dio una cachetada con guante blanco al mainstream de la época. “Just” es la mejor parodia del grunge jamás hecha y no sólo en su mordaz letra, también en sus riffs acústicos, sus solos de guitarra incomprensibles, sus paredes y explosiones sonoras y la presencia de uno de los delays más absurdos y memorables de la historia del rock, todo superpuesto en un collage dadaísta, un desmadre de canción que jamás pierde de vista su tema, ni traiciona su humorístico hilo discursivo.

8) “Fake Plastic Trees” (1995)

No es la canción más original de la banda pero sí es una de las más tristes. El canto de un “hombre roto” que “vive en una sociedad” (🥴), paradójicamente incapaz de evitar el aislamiento. Esta puede ser la balada más representativa del postmodernismo hoy tan desprestigiado. Si bien las baladas abundan en su discografía, como “High and Dry”, ésta es la más hermosa y devastadora, una a la que le haríamos un bien si olvidáramos a sus autores y la volviéramos de dominio público por decreto.

7) “Karma Police” (1997)

El humor torcido e irreverente de la banda encuentra su grado más escalofriante en esta canción. Literalmente uno no sabe si reír o llorar. Si a eso sumamos un piano certero como francotirador, un misterioso sonido similar al de un clavicordio escondido por ahí, hermosos coros femeninos-masculinos; y ponemos todo eso encima del pedal para que los delays conviertan la canción en un licuado, sabremos que nos encontramos ante una pieza de misterioso encanto que sólo puede apreciarse del todo cuando la escuchamos a todo volumen.

6) “Exit Music (For a Film)” (o “Talk Show Host”) (1996)

La composición, ahora sí, más triste de la banda fue compuesta originalmente para los créditos finales de la película Romeo + Julieta. Se trata de una canción lenta sobre amor trágico que representa la pistola sobre la cabeza de Julieta poco antes de suicidarse. Thom Yorke pidió que la pieza no apareciera en la banda sonora y, a cambio, la banda entregó una melodía más “ligera” con el mismo espíritu de amor desesperado: “Talk Show Host” que a su manera, es una pieza sui generis en su repertorio.

5) “True Love Waits” (1995 / 2001 / 2016)

Esta canción ha sobrevivido el paso del tiempo y los conciertos. Fue incluida en un álbum por primera vez en el disco de grabaciones en directo I Might Be Wrong. Sin embargo, existe la versión de un bootleg de un concierto en Bélgica en 1995 (la primera que circuló desde los años noventa) en lo-fi. Ésta incluye el rústico acompañamiento de un sintetizador midi que intensifica esa sensación parecida a la esperanza que crece en el estómago al escucharla.

En 2016 Radiohead por fin la incluyó en A Moon Shaped Pool, 21 años después de haberla tocado por primera vez. Pero a pesar de que hay quienes la consideran una producción más madura y terminada, a mí más bien me parece una versión despojada de su alma, esa que aparece tan clara y perfecta en su versión del 95. Algún fan se tomó la molestia de mezclar las tres versiones con intención de mostrar cómo hubiera sonado de haber sido incluida en The Bends o en OK Computer en los noventa, algo que la banda definitivamente debió haber hecho.

04) “Paranoid Android” (1996)

¿Qué se puede decir esta canción que no se haya dicho ya? canción accidental, polémica, críptica, un collage de pequeñas piezas, retazo y pedacería, que en conjunto resultan el mayor himno de la banda. Embriones de pollos, voces de computadora, referencias a Lewis Carrol, al estalinismo, al egoísmo humano, uf, a una sociedad frívola y a un Dios complacido ante la decadencia de sus criaturas. Muchos, al escucharla, encasillaron a Radiohead como neoprogresivos, como herederos de Pink Floyd, cuando en realidad “Paranoid Android” se trataba de un experimento con muy pocos precedentes, e irónicamente un gran éxito comercial.

Mi madre preguntó, cuando escuchó los primeros acordes de esta canción, si era un cover en inglés de Camilo Sesto. Dos minutos después la propia canción la desmintió; pero escuchar todo OK Computer bajo la premisa de que, al menos de pasadita, durante las sesiones de grabación, los integrantes escucharon pop español de finales de los setenta y principios de los ochenta (por ejemplo el Íntimamente de Emmanuel) le aporta una riqueza morbosa que resta al álbum un poco de su aura inalcanzable y nos acerca más a él.

03) “The National Anthem” (2000)

En esta canción se notan más que en cualquier otra las influencias musicales de Johny Greenwood, su gusto por el free jazz y su formación como músico de orquesta, al mismo tiempo se escuchan las inquietudes musicales de Yorke y el resto de la banda: un discurso formado por un ritmo repetitivo, un bajo punzante a lo Charles Mingus y secciones de metales que se van contraponiendo y persiguiéndose entre sí en una suerte de fuga hasta llegar a extremos caóticos. “Si Everything In It’s Right Place” marcó el inicio del cambio, “The National Anthem”, más que cualquier otra canción del álbum, e incluso más que la grandiosa “Life In a Glasshouse” de Amnesiac, con su sonido Dixieland de Nola, asestó el golpe definitivo, además de ser una de las mejor logradas en toda su discografía.

02) “Airbag” (1997)

La canción más extraña del OK Computer es precisamente la que abre el disco. En ella está todo el misterio y no en las canciones clásicas. Paredes de sonido, síncopes, experimentos de estudio, letra sarcástica, una melodía arriesgada y llena de inventiva, que por sí misma ha inspirado álbumes enteros. Escucharla es como aprender a caminar después de una apoplejía, es volver al inicio de todo cuanto sabemos de música contemporánea, es un reseteo cerebral; hay un pedazo de esta canción debajo de cada nueva propuesta.

01) “My Iron Lung” (1994)

Y llegamos al final, o al principio. Mi respirador artificial, ajá: si hay una pieza que sintetice totalmente la esencia de Radiohead, antes y después, es ésta, una canción para tocarse en directo mientras se mofan de sí mismos y de toda su generación. Es increíble que una de las bandas más influyentes del rock de las últimas tres décadas (bueno, dos) haya encontrado su estilo propio, sin saberlo, apenas un año después de su álbum debut, lo que no desacredita sus esfuerzos posteriores sino, más bien, les da sentido.

Por su importancia, la canción no pareciera superior a otras, salvo por el hecho de sacudirles el mito de one hit wonder que ganaron con “Creep” (aunque eso no es cualquier cosa). Sin embargo, valorada contra cada una de esta lista (y aún contra las que excluí) resultó siempre avante, siempre mejor que la que tenía enfrente (en lo musical, en lo lírico, en el efecto de conjunto, más festivo y satírico que azotado o experimental), hasta llegar a este merecido primer lugar. Puedes cuestionar todo lo que quieras esta elección, pero no te niegues al placer de disfrutarla.

 

R. T. G.

2010 /2021.

 

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Sobre el autor /

escritor | melómano | locutor | teórico de la industria del ocio | editor @espejohumeanter | columnista @melomano.media | autor de Cuentos de bajo presupuesto y Rabia | ikari

1 comentario

  • The Beatles y el eterno retorno - MELÓMANO
    7 meses ago Reply

    […] bandas, aunque sustancialmente distintas, reconocen también su influencia: Thom Yorke llegó a decir que equiparar a Radiohead con The Beatles era como comparar una caricatura con un […]

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