Coven: el aquelarre que el rock no se atrevió a nombrar

En la historia del rock hay grupos que marcaron época y otros que deliberadamente fueron borrados de ella. Coven pertenece a esta última categoría.

Surgida a finales de los años sesenta en Chicago, la banda no solo rompió esquemas musicales, sino simbólicos, espirituales y culturales. Mientras el rock hablaba de amor, revolución y psicodelia, Coven invocaba rituales, herejías y oscuridad con una convicción que incomodó a la industria. Su propuesta no fue estética: fue litúrgica.

La historia de Coven comienza como comienzan casi todos los relatos que terminan envueltos en mito: no por un plan comercial, sino por una afinidad espiritual.

A finales de 1967, en Chicago, una ciudad marcada por el blues eléctrico y la psicodelia emergente, Jinx Dawson ya escribía canciones que no hablaban de amor ni de revolución política, sino de arquetipos, rituales y fuerzas invisibles. Influída por la literatura ocultista, el simbolismo esotérico y el teatro ritual, Dawson buscaba músicos que no solo tocaran bien, sino que comprendieran la intención profunda de su propuesta.

El primer núcleo del grupo se formó cuando Jinx coincidió con Oz Osborne (bajista) y Chris Neilsen (guitarrista), músicos interesados en llevar el rock hacia terrenos más oscuros y conceptuales.

A ellos se sumaron John Hobbs en los teclados y Steve Ross en la batería. Desde el inicio, Coven funcionó lejos de una banda convencional: ensayaban como si prepararan una puesta en escena. Las canciones eran pensadas como actos rituales, con tiempos, silencios y clímax que debían sentirse, no solo escucharse.

 

El nombre Coven (Aquelarre) no fue una provocación gratuita. Representaba la idea de reunión, de círculo cerrado, de conocimiento compartido. Mientras otras bandas coqueteaban superficialmente con lo místico, Coven decidió asumirlo como eje central. Jinx Dawson insistió en que el grupo no interpretaría personajes, sino que encarnaría símbolos.

Esta visión fue clave para definir tanto el sonido como la estética.

La reputación del grupo creció rápidamente en los clubes underground de Chicago. Sus presentaciones incluían velas, campanas, túnicas negras y una narrativa que culminaba en una misa satánica teatralizada.

Estos elementos llamaron la atención del productor Jac Holzman, fundador de Elektra Records, quien vio en Coven una propuesta arriesgada pero profundamente original. Así firmaron contrato y comenzaron la grabación de Witchcraft Destroys Minds & Reaps Souls.

Durante la grabación, la banda reforzó su identidad: letras inspiradas en grimorios, acordes pesados y una atmósfera densa que contrastaba con el optimismo de la época.

Coven nació, así, no como un producto de su tiempo, sino como una anomalía. Desde su origen, el grupo entendió que no sería aceptado fácilmente. Pero también supo que su fuerza residía justamente en eso: en ser un aquelarre musical dispuesto a invocar lo que el rock aún no se atrevía a pronunciar.

El eje de su legado es el álbum Witchcraft Destroys Minds & Reaps Souls (1969), una obra que funciona como ceremonia completa. Canciones como “Black Sabbath” —compuesta antes de que la banda inglesa adoptara ese nombre— describen una invocación explícita, acompañada de campanas, rezos y una atmósfera opresiva. “Pact with Lucifer” y “For Unlawful Carnal Knowledge” mezclan psicodelia con narrativas de transgresión moral, mientras que “Choke, Thirst, Die” suena más a conjuro que a canción convencional.

En el escenario, Coven iba más allá del concierto.

Jinx Dawson, vocalista y figura central, asumía el rol de sacerdotisa. Vestida con túnicas negras, coronas rituales y símbolos arcanos, guiaba al público hacia el clímax final: una misa satánica teatralizada.

El ritual incluía campanas, cánticos en latín y un sacrificio simbólico. Para algunos espectadores era puro teatro; para otros, una experiencia perturbadora que cruzaba la frontera entre música y rito real.

Entre los datos curiosos más influyentes está el uso del signo de los cuernos en la portada del disco, años antes de que se convirtiera en un símbolo universal del heavy metal.

Tras los crímenes de Charles Manson, la paranoia social buscó culpables en la contracultura. Coven fue censurada, su disco retirado y su nombre prácticamente eliminado del circuito comercial.

Anécdotas de misterio

La primera anécdota rodea la grabación de “Black Sabbath”. Miembros de la banda afirmaron que, durante la sesión, las luces del estudio fallaron repetidamente y una campana utilizada en la canción se rompió sin explicación aparente. Esto fue interpretado por ellos como un “signo” de que el tema había sido correctamente invocado.

La segunda ocurrió en un concierto en California, donde varios asistentes aseguraron que, durante la misa final, una mujer del público entró en trance y tuvo que ser retirada del recinto. El evento fue documentado por la prensa local, aumentando la fama siniestra del grupo.

Discografía esencial
  • Witchcraft Destroys Minds & Reaps Souls (1969)
  • Coven (1971)
  • Metal Goth Queen: Out of the Vault (2007, recopilación)
  • Jinx (2013, bajo el nombre Jinx Dawson & Coven)

Coven fue una banda maldita por coherencia, no por accidente. Se adelantó a su tiempo y pagó el precio del silencio y la censura. No buscó agradar ni vender rebeldía; buscó invocar.

Hoy, su legado es claro: sentó las bases del ocultismo en el rock y transformó el escenario en un espacio ritual. Y quizá por eso, su eco sigue vivo, como un conjuro que la historia oficial nunca logró deshacer.

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